Globalización y el negocio de hacer rehenes

En el 2009 se pagaron 500 millones de dólares en rescates y 300 en seguros  |  La demanda de pólizas de gestión de secuestros ha subido un 20% desde enero  |  Honduras, que diez años atrás no sufría casi raptos, es el sexto del ranking mundial.

El peor día de su vida. El 29 de marzo del 2009 se grabó en el recuerdo de Francis Roucou, guía turístico de las islas Seychelles. Acababa de llevar a unos turistas con su barco a una isla vecina cuando vio a los piratas. “Las balas me pasaron a un palmo de la cabeza”, recuerda por teléfono. Estuvo tres meses secuestrado. Tras una larga negociación, su empresa pagó. Su caso ilustra el problema, pero no hace falta ir a islas paradisiacas para sufrir una situación similar. Según analistas consultados por La Vanguardia, este año se han denunciado diez mil secuestros en el mundo, sólo un tercio de los que se han producido. Y el negocio es redondo: en el 2009 se pagaron unos 500 millones de dólares en rescates.

Problema internacional. Para el director de la división Special Contingency Risks de Willis Group, Richard Scurrell, el problema irá a más: “Los secuestros para pedir rescate están aumentando. Es un delito que se traslada fácilmente de país y zonas que antes no tenían este problema ya lo han desarrollado.

La piratería ha incrementado aún más las cifras”, señala. La respuesta al problema corrobora su magnitud: la demanda de seguros de secuestro y rescate (K&R, en sus siglas en inglés) ha subido un 20% este año, en parte por nuevos clientes del sector marítimo. Estos servicios confidenciales, muy selectos y que ofrecen media docena de consultorías en el mundo, se dirigen a altos ejecutivos o familias ricas que requieren protección.

Seguros como defensa. La póliza, que cubre los gastos de mediación, el reembolso del rescate y apoyo psicológico, incluye un equipo de expertos que coordina la negociación. “Al sufrir el secuestro, el cliente llama a un teléfono 24 horas y la compañía envía a un consultor al lugar para dar apoyo y consejo a la empresa o la familia”, explica Scurrell. Es clave que el especialista no hable con los secuestradores. “Si lo hiciera, el criminal podría detectar un acento diferente y descubrir la existencia de un seguro detrás, lo que complicaría las cosas; es el cliente quien lleva el proceso y acuerda la cantidad del rescate”, apunta. La buena salud del negocio es mala señal. Este tipo de seguros mueve entre 250 y 300 millones de dólares al año. Y no son baratos: una póliza para una familia de seis miembros en México o Venezuela cuesta de 9.000 a 25.000 dólares al año para cubrir entre uno y cinco millones de dólares. La mitad en África o Asia. Las pólizas, de hasta un millón anual para empresas, varían de precio según la cantidad asegurada o la tipología de secuestro, que cambia según el país.

Latinoamérica, cara y cruz. Aparte de México y Venezuela, en lo más alto del ranking de secuestros, hay varios países afectados en la región. Según el informe Kidnap Risks Brief 2009, preocupan los casos de Ecuador, Haití –muy violentos– y Honduras. Para Scurrell, la situación de este último es sangrante: “Hace diez años no tenían este problema, la inestabilidad política y la entrada de narcos ha provocado que ya sean el sexto país en secuestros”. En otros países como Argentina y Brasil destaca la preferencia por el secuestro exprés, en el que se lleva a la víctima a cajeros para conseguir dinero rápido y liberarla poco después. Colombia, con la política de mano dura del presidente Uribe, es la nota positiva: de 3.572 secuestros en el 2000 ha pasado a 437 el año pasado.

África, por tierra y mar. Somalia y Nigeria, con una situación de desgobierno el primero y por el avance de la guerrilla MEND el segundo, han acumulado más de la mitad de los ataques pirata del mundo. Pero los secuestros no se limitan al océano. En Nigeria, la amenaza es mayor para los autóctonos, porque, aunque obtienen menos por el rescate, implica menos riesgo para los captores. Según John Drake, de AKE Group, la media del pago para extranjeros este verano –80 casos este año frente a los 170 del 2008– fue de 200.000 dólares, mientras que por los cautivos nigerianos fue de 28.000. Otros países donde se registraron casos fueron Sudán, Argelia, RDCongo y Sudáfrica. Para Johan Burguer, analista del Instituto de Estudios de Seguridad sudafricano, las estadísticas se quedan cortas. “El secuestro es una gran amenaza en Sudáfrica, pero es un problema invisible. Es difícil determinar los casos, porque se confunden con el resto de la delincuencia”.

Asia, riesgo para las ONG. Pakistán y Afganistán son zonas peligrosas para las ONG y de difícil negociación al mezclarse motivos políticos y económicos. De los 300 secuestros del 2008 en Afganistán, 78 afectaron a cooperantes. En Indonesia, uno de cada cuatro secuestros tenía a periodistas o foráneos en el punto de mira. India e Iraq son otras zonas de riesgo asiáticas. Más difícil es encontrar datos de China, donde el crimen organizado evita secuestrar extranjeros para esquivar la atención internacional. Según Risks Brief, el objetivo son mujeres para reclutarlas como esclavas y niños para venderlos a parejas desesperadas por tener un hijo varón.

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